Narra Bieber~
Me la tenía que ganar, fuera como fuera, ella estaba completamente en mi cabeza, tenía que lograr tirarmela, costara lo que costara, así que por ahora, solo tengo que lograr ganármela de alguna manera, para que pronto acabe en mi cama, estaba demasiado buena la rubia rica como para dejarla escapar sin escucharla gemir mi nombre de placer.
Pero no me puede faltar el punto egocéntrico, eso a ellas les encanta, digan o no lo contrario.
Paseé lentamente por las instalaciones, dirigiéndome a el primer sitio donde nos encontramos, la parte posterior del patio principal, donde solíamos beber de vez en cuando los Niall, Harry y yo.
Una melodía salía de mi boca, silvando.
Me senté al lado de la verja, a esperar que llegara Sam, le iba a entregar algo, para hacerle tener confianza en mi, para que cayera pronto.
Vi una silueta aparecer a lo lejos, era delgada, de una figura completamente atlética, alta, pero no más que yo y de un rubio inconfundible. Era ella, completamente inconfundible.
Me levanté cuando llegó casi a mi, sonreí, y vi como ella copiaba al milímetro mi gesto.
- ¿Qué
era eso tan importante? - dijo sonriente mientras fruncía su ceño
en señal de duda.
- Bueno
Edwards, era porque quería darte algo – sonreí, mientras metía
la mano en el fondo del bolsillo de mi pantalón negro, cogí la
caja de allí, y la saqué – Date la vuelta – ordené, con un
poco de impaciencia, la verdad, quería saber si aquello le gustaba
o no.
Hice lo que me ordenó Bieber, me di la vuelta. La verdad, no se que pretendía, pero me daba igual.
Me puso algo sobre el cuello, era un colgante, el cual después abrochó en la parte posterior de mi pequeño cuello.
- ¿Y
bien? ¿te gusta? - preguntó susurrando en mi oído.
Era muy raro que se comportara como lo estaba haciendo ahora conmigo, por lo que decidí hacerme un poco la dura, a ver en qué acababa esta conversación.
- Bueno...
- hice una pausa – No está mal, pero tampoco es nada del otro
mundo – mentí.
Quedaba bastante bien en mi cuello, a juego con el gris azulado de mis ojos, formando una bella conjunción de colores.
Sentí unas pequeñas mariposas en el estómago al ver que Bieber no se había apartado de mi hombro, seguía allí, como si estuviera realmente cómodo.
- Pensé
que te gustaría – dijo, en un tono decepcionado, lo que me
resultó bastante tierno.
- Bueno,
no he dicho que no me gustase, si no que, no está mal – le
corregí, dándome la vuelta, y haciendo que apartara la cabeza de
mi hombro para mirarle directamente a aquellos perfectos ojos miel.
- Rubia
– llamó mi atención, quería decirme algo.
- No
me llames así, no me gusta – fruncí el ceño, odiaba que me
llamaran así. No porque no lo fuera, sin no porque era el apodo que
me tenía siempre mi padre, y la verdad el asco y la repugnancia se
apoderaron de mi, mis ganas de llorar aumentaron muchísimo en
cuestión de segundos, y no lo pude evitar. Una lágrima viajó por
mi mejilla derecha.
- Eh,
espera, ¿he echo algo malo? - preguntó cuando me vio de ponerme
así sin explicación alguna, vacilé un instante y negué con la
cabeza. El retiró con su pulgar la lágrima que ya estaba apunto de
caer en el final de mi rostro. Otro escalofrío al sentir su tacto
sobre mi. Se me erizó la piel, y el se dio cuenta, a aquello, su
reacción fue una sonrisa entre dientes. - Oye, lo siento, en serio,
no pretendía hacerte llorar con solo llamarte así – dijo al ver
que mi llanto no cesaba.
- No,
no es nada – dije agachando la cabeza.
Por lo que ahora, tampoco me gustó la sensación de llorar delante de él.
- ¿Me
puedes contar porqué lloras? - preguntó, intrigado – Solo quiero
saber la razón, por favor, nunca me ha gustado ver a ninguna mujer
llorar – explicó paciente, esperando a mi respuesta.
- Yo
lo siento, Bieber – me disculpé – Ya se que no era tu
intención, ha sido culpa mía, solo es que me han venido unos
recuerdos un poco oscuros a la mente, prefiero no hablar de ese
tema, ¿vale? - intenté mostrar una sonrisa falsa, pero más bien
me quedó como una mueca.
- Vale,
no te obligaré a hacer nada que no quieras, recuerda eso – dijo,
a lo que no entendí mucho, pero asentí.
- Bieber,
lo siento, pero es importante – dije cuando vi el número de mi
madre en la pantalla de mi móvil.
- Claro,
no pasa nada – contestó encogiéndose de hombros.
- Ya
nos vemos – dije, en un tono de disculpa – Gracias por el regalo
– sonreí timidamente, antes de darme la vuelta para irme.
- Dile
a Niall que no intente nada, eres mía – gritó al ver que me
alejaba, sonreí como una idiota.
¿Era suya?, ¿porqué me decía eso? Yo no era de nadie, ni de él, ni de Niall, de absolutamente nadie, y eso no iba a cambiar.
De buenas a primeras el pensamiento de que Bieber quería follarme escapó de mi mente, debido a lo que había echo hace escaso tiempo.
Mi móvil dejó de sonar, y no me di cuenta antes de contestar, estaba demasiado sumida en mis pensamientos sobre aquel perfecto ser, que ni siquiera oí como el teléfono móvil seguía vibrando y sonando en mi pequeña mano, ya después llamaría a mi madre.
Me dirigí a mi habitación, con una sonrisa de oreja a oreja.
Abrí la puerta lentamente, y entré en la habitación, la cual estaba completamente vacía.
Me apoyé en la puerta y fui bajando hacia el suelo, suspirando. Apoyé mi cabeza en la puerta, y después volví a echarla hacia delante un poco, justo cuando me iba a levantar, cuando ya estaba a una cierta pequeña distancia de la puerta, se abrió. Por lo cual me llevé un golpe en la cabeza.
- Auch
– me quejé – Joder – toqué la parte posterior de mi cabeza,
haciendo gestos de dolor. Me retumbraba toda la cabeza,
verdaderamente me había echo bastante daño.
- ¿Sam?
- preguntó el rubio – Oh dios, lo siento, de veras, lo siento
mucho, no era mi inteción – acabó en el suelo, a mi lado, incado
de rodillas en el suelo, con una gran preocupación en su bonito
rostro.
- No
pasa nada, Niall. - sonreí incomodamente.
- Ven,
levantate – dijo una vez que el se puso de pie, me extendió su
mano, y yo la acepté.
Nunca asistí a una fiesta, nunca vestí llamativamente, nunca bebí nada extraño, nunca tuve pareja, nunca hice las típicas propias cosas que hace una niña, ni tampoco las que hace una adolescente.
Y todo por culpa de él, ''mi padre'', Ben.
De nuevo la repugnancia me corrompió, y aguanté mis ganas de llorar, lo haría cuando estuviera sola, pero no delante de Niall, quien en ese preciso instante interrumpió mis pensamientos.
- Sam,
me tengo que ir – dijo mirando la hora – Mañana empiezan las
clases, y tenemos que madrugar – sonrió.
- De
acuerdo, mañana nos vemos – le devolví la sonrisa.
...
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Buenas, esta vez no he tardado tanto e.e
Iba a hacer dos capítulos, pero como no os habéis molestado en comentar, pues nada, aquí os dejo uno:).
Gracias a Janet You Are Mine y a Roxy Dalequetusabeh<3.
COMENTAD.
ADFGJKL. SIGUIIIIIENTE, ME ENCANTA.
ResponderEliminarUna virgen en.una torre. Hahahahaa. Diossss niall y justin ..uno contra otro. Madremia. Siguienteeeee!!!
ResponderEliminarAcabo de empezar a leerla pero ya me he enganchado xD Me encanta sigue haciéndola guapa :3
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